30.8.08

Maestro de vuelo

"El vértigo había desaparecido. Sentí una embriaguez especial, una sensación no malsana de poder y de dicha. Subía hasta alturas increíbles y luego me dejaba caer, planeando suavemente, con las alas extendidas; y aunque cerraba los ojos -y podía jugar con esto- no corría riesgo de estrellarme porque tenía una idea precisa del recorrido que hacía, y del lugar exacto en que me encontraba a cada instante; y me dejaba guiar en mi vuelo por impulsos arbitrarios y extraños, y sentía que, de algún modo, estaba trazando en el cielo un dibujo coherente y estético. Y descubrí algo más: que estaba descansando. Por primera vez en siglos sentía que el descanso se extendía por los músculos y la mente; sentí que esta era mi forma natural de descansar. (...) -He desperdiciado mi vuelo- me digo; recién ahora sospecho que pude haber aprovechado mejor el tiempo, pero no quiero sentirme culpable; después de todo, es un descanso que necesitaba en forma imperiosa. Y ya, ahora, las cosas no podrán ser del mismo modo; ahora sé que, pase lo que pase durante el día, tendré para mí toda la noche". Mario Levrero, "París", Buenos Aires, 1979 Salud, Maestro al que no conocí. Levanto la copa, en la noche impar, las palabras vagando en la página en blanco, las alas estiradas otra vez, muy por tu culpa también, que no me olvido.

2 comentarios:

sorjuana dijo...

Lástima que no hayamos podido brindar juntas con ese vino real... Hubiera sido muy lindo.

vesna kostelich dijo...

Ahí nos encontraremos el año que viene, con un buen vino y otras energías.