25.5.12

En el medio de mi pecho



La patria no me cabe adentro de un mapa.

Su cartografía es apenas un boceto a lápiz, un dibujo concéntrico que empieza en el caracol de las calles de Agronomía, donde la ciudad deviene campo y contar cometas es tan inagotable como contar estrellas. Apenas dos cuadras más allá, en las coordenadas de mi patria, te encontrás con la subida de Malvín, barriada sin fin escrita en los papeles de la arena, poema donde gorrión rima con gaviota. Mi patria tiene la piel multicolor como los cantos rodados de la playa de Solís y las laderas sombrías de la Sierra de las Animas.

Mi patria se llama Juan y María, Jonhatan y Jennifer.

Y los chinos Rosa y Mario y Flora, de Oruro a Pueyrredón, Analía la cubana y Cosme el polaco.  Mi patria se llama Ivan y huele a chucrut con sarma, a rakia y ginebra Bols; a Nona la del tuco que ni te cuento, a vino patero, a ristra de ajo y silpancho y rocoto. Tiene los nombres de los avatares de verano que vienen de Berlín, el acento tirando a Bahía, el viento reseco del desierto patagónico, los ojos gitanos que ven el futuro en la borra del café. 

Mi patria, partida al medio por un río como una cicatriz.

Tiempo atrás, la vinieron a buscar de noche los cobardes. Se la llevaron encapuchada, le rompieron los huesos y la dejaron caer desde lo alto de un avión, a merced de la intemperie del terror y la mala memoria. Era peligrosa, mi patria. Llevaba un sueño en las entrañas y era peligrosa.  Por eso idearon un modo de hundirla en el fondo del mar y allí alternó con las algas y los bagres durante años. Pero ellos, los sueños de la patria, tercos y buenos nadadores, salieron a flote. Llegaron a la playa como las botellas al mar de los náufragos, con un mensaje intacto y ensordecedor.
  
Mi patria resucitó al tercer día.

Empezó a moverse lentamente. Se estiró y escupió al polvo el mal aliento de las pesadillas. Primero se hizo un mate. Después se miró al espejo y se dijo, voy a vivir. Y miró a sus enemigos a los ojos. Algunos se escondieron abajo de las piedras y otros permanecen agazapados detrás de ellas, y esperan el momento para saltarle encima. Cuando lo hacen, la patria, que no es tonta ni novata, se defiende. A veces la gana, otras la empata;  termina agotada de esas luchas pero es fuerte y tiene una polenta descomunal.

Mi patria anda más contenta que de costumbre.

Usa ruleros y canta debajo de la ducha. Baila con viejas melodías y hace pogo con las nuevas; canciones que brotan como hongos después de la lluvia, cantadas debajo de un farol, al cordón de la vereda, en el medio de la pampa, con guitarra y bandoneón.  Y se gasta las cuerdas vocales con León y con Jaime; con el Polaco, con el Negro y con don Carlos; con La Negra, Fander y el Darno, con Cabrera, los Redondos y el Flaco.

Mi patria anda de a pie y viene de muy lejos, muy atrás en el tiempo, por eso aunque corre, tarda.

Viene descalza y a la intemperie; se abriga con las banderas raídas. Se ha tomado el trabajo de remendarlas para que vuelvan a flamear. No son banderas nuevas, son nuevos los brazos que las alzan. Son brazos que habían olvidado todo, cómo trabajar, como abrazar, cómo alzar las banderas. Muy de a poco están recuperando la memoria. La patria levanta y agita las banderas para decir aquí estoy, mirá para este lado, la historia pasa por acá. Muchos andan codo a codo con la patria. Otros más atrás o tan adelante que ya se fueron. Qué se le va a hacer.

Todos nosotros hacemos la patria en marcha.

¿Qué país, qué fronteras? Esta patria se derrama de los mapas. El mundo cabe en ella, pero mi patria no cabe en el mundo.  Me tiene a maltraer, sin dormir. La lleno de reproches pero me lleva enamorada.  La siento latir como al corazón en cada paso que falta. La llevo puesta como a mi nombre, en el medio de mi pecho. Como se lleva un talismán, una herida, como se lleva puesto el destino. 





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Feliz cumple hoy en una parte de su pecho! Hermoso su nota Vesna Kostelic. Su admirador, un avatar berlinés que se quedo un par de veranos mas en las dos orillas de su pecho.

Anónimo dijo...

Desde que te conocí me da miedo "leerte". Conectás con sentimientos muy viscerales, no dichos y dolorosos. Mientras voy decodificando parte de mi mapa a medida que te leo, me quiero adelantar con los ojos empañados al texto, deseosa de saber como sigue, qué es lo que viene después, pero, como me suele pasar con tus huellas de letras, tengo que volver a empezar nuevamente y así un texto lo siento una y otra vez.
Qué magia!
Tu hermana del alma, de la vida y de la sangre.

VESNA KOSTELIĆ dijo...

Gracias por leer y comentar, mis amores.

ana arjona dijo...

Gracias fantástica escritora!
Es un goce y como todo goce, un dolor de luz leerte.