Despierto con la boca seca, manoteando la botellita de agua en la mesa de luz, todavía con las imágenes de un sueño en el que siento el cuerpo paralizado y descubro mis manos con los dedos como garras, nudosas y encorvadas, y digo, “como Hawkins”. En sueños me pregunto si es mejor o no que te siga funcionando la cabeza cuando el cuerpo dice basta. Ya despierta o en tren de estarlo, espero frente al cacharrito del agua sobre la hornalla y me veo flotando boca arriba sobre las casas, desde Artigas hacia Constituyentes, liberada de toda esa ortopedia de cables y tubos.
Como una continuación onírica,la noticia de la muerte del Indio repetida en el feed, llega con el primer sorbo de café. Cierro. Creo que para no dejarme invadir por el ruido de la crónica (de esa muerte anunciada) y poder habitar el sentimiento en presencia. Pena, por la vida truncada y esa enfermedad de mierda, y gratitud por ser parte de una generación que se crio incendiada por el amor de ese celador musical y espiritual, entre otras deidades. Como dicen: Argentina, no lo entenderías.
Recién entonces me doy cuenta de la fecha. Hoy son cinco años sin JP. Una aguja me perfora el alma al recordar el celular sobre el pecho desnudo, aquel día en que el ángel de la soledad no quiso traerlo de vuelta a la vida.
Busco a Sandra, a los muchachos en el chat. Sigo evitando las redes. Me reconforta pensar en mis amores, los de acá y los de allá. En mi Viejo, que seguramente moquearía. Es difícil estar lejos en días así. Decido tomarme el día. Con la taza calentándome las manos desde la terracita, preciso poner la playlist y contemplar el roble que plantamos, saludable y torcido, rapado por el otoño con un manto escarlata tendido a sus pies. Ahora tenés con quien tomarte ese Jack Daniels. Es natural pensar en un diálogo imaginario entre los tipos. Rápidamente se invertirían los roles y el Indio se haría fan.
Ahí parada frente al arbolito, siento que el sueño de hoy, como un arcano, cobra mucho sentido. Suena Juguetes Perdidos mientras escribo acá, después de tanto tiempo. Qué bárbaro. No puedo dejar de sonreír ante las ocurrencias del guionista de dios.
Banderas en tu corazón,
yo quiero verlas
ondeando,
luzca el sol o no
banderas rojas, banderas negras
de lienzo blanco, en tu corazón.
Perfume al filo del dolor,
así, invisible
licor venéreo del amor
que está en las pieles, sedas de sedas
que guarda nombres en tu corazón.
Son pájaros de la noche
que oímos cantar y nunca vemos
cuando el granizo golpeó, la campana sonó
despertó sus tristezas, atronando sus nidos.
Esperando allí nomás, en el camino
la bella señora está desencarnada
cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón.
